Avances en la lucha frente al cáncer de ovario

Desde hace 20 años no se había presentado un ensayo que logre incrementar la esperanza de vida en pacientes con cáncer ovárico

El cáncer de ovario es una enfermedad que, a causa de su falta de diagnóstico precoz, hasta hace poco tenía reducidas soluciones terapéuticas y una alta mortalidad. Los últimos avances científicos arrojan esperanza para las pacientes que se encuentran en estadios más avanzados de la enfermedad.

Es una patología sigilosa, sus síntomas no suelen ser notorios y se relacionan con una hinchazón abdominal o problemas para orinar. Esta afección ovárica tumoral comienza su desarrollo en las trompas de Falopio y se disemina hasta la cavidad peritoneal que alberga los intestinos, el estómago y el hígado.

Existen tres tipos de cáncer de ovario. El 90% suelen ser cánceres de ovario de carcinoma epitelial, es decir, de células malignas que se forman en el tejido que cubre el ovario. Mientras que, el 10% son tumores de células que se encuentran dentro de los ovarios llamadas células germinales, y del estroma (un cáncer raro que causa alteraciones hormonales y se presenta como un tumor pélvico o abdominal). Además, este tipo de tumor puede ser hereditario. Los principales genes asociados al cáncer de ovario hereditario son el BRCA1 y el BRCA2, aunque, también pueden existir otras mutaciones como los MMR, RAD51 y BRIP1.

Progresos en el diagnóstico

El diagnóstico precoz es una herramienta clave para hacer frente a un cáncer. La dificultad que supone lograr un diagnóstico precoz es lo que hace que este tumor sea tan mortal. En total, son 8 de cada 10 las pacientes que reciben un diagnóstico tardío, lo que conlleva que sea la quinta causa de muerte en mujeres en España.

La importancia en el desarrollo de técnicas de diagnóstico es esencial para luchar frente a esta patología. La genética ha permitido trazar las mutaciones causantes del cáncer de ovario, lo que permite ofrecer a las mujeres terapias personalizadas. Asimismo, recientes descubrimientos como la observación de nuevos biomarcadores son vías que facilitan alcanzar un diagnóstico precoz.

El ganglio centinela puede ser clave para la detección temprana de la enfermedad. A día de hoy la técnica utilizada para el diagnóstico es la linfodetectomía. Esta técnica es muy invasiva porque requiere la extirpación de los ganglios. Una investigación del Grupo de Investigación en Medicina Reproductiva del Instituto de Investigación Sanitaria Santa Fe ha detectado que, por medio de la introducción de un radiotrazador y una sonda gamma, será posible detectar el ganglio centinela. Utilizando estas técnicas, el ganglio puede estudiarse de forma milimétrica sin requerir una extirpación y, en consecuencia, además de que facilita la detección de metástasis, micrometástasis y de células tumorales aisladas, es un procedimiento menos invasivo y peligroso para la paciente.

Nuevas líneas de tratamiento

Por otro lado, en los últimos años han sido limitados los avances que han permitido reducir la mortalidad del cáncer de ovario. No obstante, recientes estudios e innovaciones terapéuticas han confirmado que las nuevas terapias que se han diseñado aumentan la supervivencia global. La utilización de tratamientos de mantenimiento permite retrasar las recaídas y extensión del tumor, de forma que, aumenta la supervivencia media.

Habitualmente, las pacientes son tratadas con quimioterapia y carboplatino-paclitaxel, pero son numerosas las que desarrollan resistencia a este método. Por ello, la aparición de los inhibidores de PARP supone un avance frente a este cáncer ginecológico. Las pacientes que sufren recaídas han mostrado resultados significativos en su supervivencia al recibir un inhibidor de PARP llamado Olaparib.  

Olaparib es un medicamento oral que facilita la vida a las pacientes. Además de mejorar el desarrollo de la enfermedad, es sencillo de usar, con lo que, la paciente no ve su vida afectada por el tratamiento que debe llevar a cabo porque no es necesario que se desplace al hospital o soporte procesos largos, dolorosos y tediosos. Según el ensayo clínico Rolando, las mujeres con cáncer de ovario avanzado y con platinoresistencia que reciben como tratamiento Olaparib y doxorrubicina liposomal pegilada (PLD) logran una tasa de supervivencia libre de progresión en seis meses del 46,59%.  

En esta línea de tratamiento podemos encontrar otras innovaciones, como la reciente aprobación por parte de la Comisión Europea del inhibidor Poli ADP ribosa polimerada (PARP) llamado Niraparib. Este inhibidor consiste en una dosis diaria que redujo en un 60% el riesgo de que el cáncer progrese en pacientes con tumores relacionados con el gen BRCA.

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