Cerca de 4.000 españoles sufren la enfermedad rara de Huntington

Los investigadores están centrados en un ensayo clínico que tiene como objetivo reducir los niveles de proteína mutante que provoca el trastorno, la huntingtina. Su fase III se puso en marcha a finales de 2018 y el primer paciente se ha incorporado a finales de enero.

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Alrededor de 4.000 españoles padecen Huntington, una patología hereditaria y mortal que provoca el desgaste de algunas células nerviosas del cerebro. Los estudios poblacionales de esta enfermedad son escasos, por ello, no existen números exactos, pero se deduce de la prevalencia global que existen un caso cada 10.000 o 20.000 nacimientos. Desde que las resonancias magnéticas evidencian el comienzo de la muerte neuronal hasta que se manifiestan los primeros síntomas puede pasar más de una década.

Los síntomas de este trastorno genético no suelen aparecer hasta los treinta años. Los más reconocibles son los movimientos incontrolados (corea), a los que se suman problemas psiquiátricos y cognitivos. Es una patología mortal que aún mantiene cierto estigma social. A la espera de una cura, pacientes y familiares esperan que se consiga el silenciamiento del gen responsable.

Ahora, los investigadores están centrados en un ensayo clínico que tiene como objetivo reducir los niveles de proteína mutante que provoca el trastorno. Su fase III se puso en marcha a finales de 2018 y el primer paciente se ha incorporado a finales de enero.

La huntingtina

Esa proteína mutante es la llamada huntingtina, siendo esencial para la vida y relacionada con multitud de procesos que van desde la regulación mitocondrial a la transcripción génica. Cuando ésta es defectuosa, según el investigador del Instituto de Investigación Sanitaria La Fe (IISF) en Valencia, Rafael Vázquez, “se vuelve pegajosa y acumula y une a otras estructuras, lo que perturba la función celular además de la suya propia”.

Algunos enfermos comienzan a tener síntomas con menos de 20 años y otros con más de 70. Esta variabilidad en el inicio del Huntington es lo que quiere comprender Velázquez y, por ello, trabaja rodeado de C. elegans, un diminuto gusano que resulta idóneo para estudiar la genética de esta enfermedad. Al ser dominante y autosómica, la mayoría de enfermos tienen una única copia defectuosa del gen que regula la síntesis de la huntingtina. A través de sus gusanos, Vázquez busca genes que puedan resultar protectores. Además, llevar un estilo de vida saludable puede ayudar a retrasar la aparición de los síntomas.

Uno de los genes protectores que estudia Vázquez es el AMPK, que activa la degradación —autofagia— de las proteínas mal plegadas. “Es una diana terapéutica interesante”, asegura el biólogo, que ya lo ha probado con éxito en ratones. “Si activases la autofagia estarías atacando de raíz el problema. Al eliminar la huntingtina mutante podrías retrasar los síntomas en pacientes en fases tempranas”, añade.

Antidepresivos y calorías

El síntoma más característico de esta enfermedad es la corea, movimientos incontrolados y agitación constante. A esto se pueden añadir problemas psiquiátricos, como depresión, y cognitivos, como la demencia y dificultades con el procesamiento del lenguaje. Existen remedios para la parte psiquiátrica, como la tetrabenazina para la corea y antidepresivos para la depresión, pero para los síntomas cognitivos no hay cura. “A pesar de todo el dinero y esfuerzo. Se han intentado un montón de ensayos clínicos y no ha funcionado ni uno”, asegura Vázquez.

Otro de los síntomas es que los pacientes pierden peso y les cuesta mantenerse activos. Por lo tanto, es importante concienciarles para que se mantengan activos desde el punto de vista físico, psíquico y social para no quedarse toda la semana aislados en casa.

El silenciamiento de la proteína

El fin último para eliminar al Huntington es el silenciamiento de su gen, el tratamiento para reducir los niveles de proteína defectuosa mediante inyecciones periódicas en la médula espinal. Esta estrategia ya se ha llevado a cabo con éxito para tratar la distrofia miotónica de tipo 1.

El ensayo clínico que confirmará si es posible ‘desconectar’ la enfermedad se encuentra en fase III. El primer paciente se unió al ensayo a finales de enero. En éste, participarán un total de 660 personas de entre 25 y 65 años de unos 15 países que durará dos años. Tras confirmarse que EE. UU y Canadá formarán parte del ensayo, también se han unido Alemania y Reino Unido. Especialistas, pacientes y familiares confían en que España también entre. El fármaco, que ha pasado por varios nombres, se conoce actualmente como RG6042.

“El estudio piloto que tuvo lugar en 2017 con cincuenta pacientes muestra que el medicamento es bien tolerado, y un menor nivel de huntingtina en el líquido cefalorraquídeo se correlaciona con mejores puntuaciones clínicas”, asegura un familiar de una persona afectada por esta patología. “Espero ver una cura antes de morirme y eso hace unos años era impensable”, añade.

El vicepresidente de la sección de biología de la ONG CHDI Foundation, Ignacio Muñoz Sanjuán, se considera “optimista pero escéptico” respecto al silenciamiento. “Es pronto para decir que eliminar la proteína mutante tendrá efecto; en los próximos tres años lo sabremos”, señala. Sin embargo, hace hincapié en que “de momento no hay nada, así que cualquier cosa es mejor que nada”.

Vázquez asegura que la huntingtina se expresa en todas partes, desde el corazón al hígado. “Se ha creído que es una enfermedad neurológica porque los primeros síntomas aparecen con el colapso de las neuronas, pero cada vez se piensa más que el Huntington es en realidad un síndrome que afecta a diversos órganos”, explica.

Por otro lado, a Muñoz le preocupa que estos estudios son muy costosos en el tiempo y en el dinero. “Siempre existe el riesgo de que las compañías no quieran hacer un ensayo de cinco a siete años que cueste 200 millones de dólares. Es difícil predecir cómo va a reaccionar la industria farmacéutica. El Huntington no tiene tanta prevalencia en Europa y EE. UU, y no me sorprendería que decidan que les interesa más el alzhéimer o el párkinson”, concluye.

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