Avances para hacer frente a las enfermedades cardíacas derivadas de los tratamientos oncológicos

El tratamiento del cáncer también puede tener graves efectos secundarios, entre ellos la cardiotoxicidad. Un equipo de investigación español ha identificado como contrarrestar esos efectos negativos mediante la manipulación de niveles de la proteína omentina.

Paciente oncológico

Los problemas cardíacos como la enfermedad arterial coronaria, el infarto agudo de miocardio o la insuficiencia cardíaca son algunos de los efectos secundarios que pueden tener los, cada vez más sofisticados, tratamientos contra el cáncer. Por este motivo, el Centro de Investigación Biomédica en Red de Enfermedades Cardiovasculares (CIBERCV), trabaja para la prevención y tratamiento de la cardiotoxicidad mediante terapias específicas.

Un estudio reciente, que ha sido financiado por la Fundación Mutua Madrileña, ha demostrado que los niveles de la proteína omentina podrían modular la tendencia al desarrollo de cardiotoxicidad en pacientes oncológicos.

El estudio demuestra que la omentina inhibe la muerte celular.

Los bajos niveles de esta proteína se relacionan con enfermedades cardiovasculares como el infarto agudo de miocardio, la insuficiencia cardíaca o la enfermedad arterial coronaria.

El estudio ha demostrado que la omentina inhibe la muerte celular.

La pérdida de cardiomiocitos es uno de los determinantes principales en la progresión de la disfunción cardiaca. Aunque la omentina no logró reducir el estrés oxidativo inducido por el fármaco, si fue capaz de disminuir el estrés del retículo endoplásmico sugiriendo su posible papel cardioprotector frente a la toxicidad por este tipo de fármacos.

Tratamiento de la cardiotoxicidad en el paciente oncológico

Ya no se trata de evitar la cardiotoxicidad sino prevenirla o tratarla en un paciente con el tratamiento oncológico óptimo desarrollando terapias específicas basadas en el conocimiento mecanístico del daño cardiaco. Este es el cambio de paradigma de la atención cardiovascular.

“Se trata de un estudio preliminar que ha de escalarse en pacientes. En primer lugar, hemos de estudiar si el desarrollo de toxicidad en los pacientes está relacionado con los niveles de omentina y si estos están a su vez determinados por la obesidad”, afirma Isabel Moscoso, una de las firmantes del estudio. Y añade, “Localizar a los pacientes con mayor riesgo de cardiotoxicidad permitirá implementar terapias dirigidas a prevenirla y un manejo adecuado y personalizado del tratamiento oncológico”.

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