Los avances en el conocimiento biológico y genético de los cánceres hematológicos, junto con el desarrollo de terapias dirigidas, están transformando el abordaje de enfermedades como la leucemia linfocítica crónica (LLC) o el linfoma de células del manto (LCM) y mejorando el pronóstico de los pacientes.
Así lo han puesto de manifiesto distintos especialistas durante la quinta edición de las Jornadas Eje del Ebro, organizadas por Johnson & Johnson en Lleida, un encuentro que se ha consolidado como foro de referencia para profesionales de la oncohematología de Aragón y Cataluña.
Durante la reunión, expertos en hematología han compartido los últimos avances científicos y los principales retos en el manejo clínico de la LLC y el LCM, dos enfermedades en las que el desarrollo de nuevas estrategias terapéuticas está modificando la práctica clínica.
Avances en el tratamiento de la leucemia linfocítica crónica
La leucemia linfocítica crónica (LLC) es el tipo de leucemia más frecuente en adultos y afecta a los glóbulos blancos. En Europa, su incidencia se sitúa en torno a 4,92 casos por cada 100.000 personas al año y representa aproximadamente el 30% de las leucemias diagnosticadas anualmente.
La mediana de edad en el momento del diagnóstico se sitúa en los 72 años, un factor que condiciona en muchos casos el planteamiento terapéutico y la elección del tratamiento más adecuado para cada paciente.
En los últimos años, el manejo de la LLC ha experimentado una transformación relevante, especialmente en la primera línea de tratamiento, donde las estrategias de duración limitada están cambiando la práctica clínica, incluso en pacientes con comorbilidades.
En este contexto, la Dra. Ana Muntañola, hematóloga del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau de Barcelona, ha explicado que muchos pacientes no requieren tratamiento en el momento del diagnóstico. “A día de hoy disponemos de estrategias libres de quimioterapia, muy eficaces, en su mayoría de administración oral y con una toxicidad muy manejable”.
La especialista también ha destacado los resultados del estudio CLL17, que refuerzan el papel de las terapias finitas en primera línea. Según señala, este ensayo ha demostrado que estas estrategias ofrecen una eficacia no inferior al tratamiento indefinido con inhibidores de la tirosina quinasa de Bruton (iBTK) en los distintos perfiles de pacientes.
Además, estas terapias aportan beneficios adicionales para los pacientes, como una toxicidad limitada en el tiempo, una mayor adherencia terapéutica y periodos libres de tratamiento, lo que reduce el número de controles médicos y mejora la percepción de la enfermedad.
Nuevas estrategias en el linfoma de células del manto
El linfoma de células del manto (LCM) es un subtipo de linfoma no Hodgkin de células B que representa entre el 3% y el 7% de todos los linfomas. Se trata de una enfermedad poco frecuente, con una edad media de diagnóstico cercana a los 65 años y un curso clínico generalmente agresivo.
En los últimos años, la incorporación de nuevas estrategias terapéuticas ha permitido mejorar de forma significativa la supervivencia libre de progresión de los pacientes, según ha señalado la Dra. Eva González Barca, hematóloga del Institut Català d’Oncologia de L’Hospitalet de Llobregat.
Entre estos avances destaca la introducción de terapias dirigidas, como los inhibidores de BTK, que inicialmente se utilizaban en pacientes en recaída o refractarios y que ahora comienzan a incorporarse en la primera línea de tratamiento.
“Los inhibidores de BTK ya demostraron mejorar la supervivencia global cuando se introdujeron en la recaída y, al adelantarlos en el tratamiento y combinarlos con inmunoquimioterapia, se ha observado una eficacia similar a terapias más intensivas, pero con menor toxicidad”, ha explicado la especialista.
En esta línea se sitúan los resultados del estudio TRIANGLE, que evalúa la incorporación de un inhibidor de BTK al tratamiento inmunoquimioterápico en primera línea como alternativa al trasplante autólogo.
Según la experta, este planteamiento podría permitir evitar el trasplante autólogo, y la toxicidad asociada a este procedimiento, sin renunciar a la eficacia terapéutica, lo que supone un cambio relevante en el abordaje del LCM.
No obstante, la especialista señala que todavía existen necesidades no cubiertas, especialmente en pacientes con afectación del sistema nervioso central o en aquellos que recaen tras una terapia CAR-T, para los que aún no hay tratamientos bien establecidos.
En este contexto, la incorporación de terapias como la CAR-T en líneas avanzadas ya ha contribuido a mejorar la supervivencia de estos pacientes, mientras que el desarrollo de nuevas estrategias en ensayos clínicos podría seguir ampliando las opciones terapéuticas en los próximos años. Según concluye la especialista, los inhibidores de BTK han cambiado la historia natural de esta enfermedad.
