El Alzheimer afecta actualmente a 6.482 personas en Canarias, con una clara mayor incidencia en mujeres, que representan el 72,31 % de los casos frente al 27,69 % de hombres. Además, la enfermedad se concentra de forma abrumadora en mayores de 65 años, que suponen el 96,59 % del total.Estos datos se han puesto sobre la mesa durante la jornada científico-asistencial “Canarias se prepara: innovación y sinergias en Canarias”, celebrada en Las Palmas de Gran Canaria y organizada por Lilly. En este encuentro, especialistas han analizado los principales desafíos a los que se enfrenta el sistema sanitario, especialmente en lo relativo al diagnóstico temprano, la optimización de los circuitos asistenciales y el acceso a nuevas terapias.
En la actualidad, el abordaje del Alzheimer en el archipiélago se articula en torno a la Estrategia de enfermedades neurodegenerativas de Canarias 2025-2028. Este plan contempla un modelo de atención integral y multidisciplinar que incluye desde la valoración clínica hasta el apoyo social y familiar, con recursos como la atención domiciliaria, la telemedicina o los cuidados paliativos.
Sin embargo, los expertos coinciden en que persisten importantes retos organizativos. Entre ellos, destacan la necesidad de garantizar un acceso equitativo a los recursos y mejorar la agilidad de los procesos asistenciales. A ello se suma un desafío clave: avanzar en la detección precoz de la enfermedad, ya que sus primeros síntomas suelen confundirse con el envejecimiento normal, retrasando así la intervención médica.
Nuevas terapias obligan a transformar la organización asistencial
El desarrollo de tratamientos modificadores de la enfermedad marca un punto de inflexión en el abordaje del Alzheimer. A diferencia de las terapias tradicionales, centradas en aliviar síntomas, estos nuevos fármacos han demostrado capacidad para ralentizar el deterioro cognitivo y funcional de los pacientes.
No obstante, su implementación plantea importantes exigencias para el sistema sanitario. Será necesario reforzar el diagnóstico temprano, mejorar el acceso a herramientas como biomarcadores y pruebas radiológicas, y reducir los tiempos de respuesta. En este contexto, los biomarcadores en sangre emergen como una alternativa prometedora, al permitir diagnósticos menos invasivos y más accesibles, aunque su uso aún se limita principalmente al ámbito de la investigación.
Los especialistas advierten de que el sistema sanitario todavía no está completamente preparado para integrar estas innovaciones. La administración de los nuevos tratamientos requerirá cambios organizativos profundos, como circuitos de acceso rápido, nuevas estructuras logísticas y un seguimiento clínico más estrecho mediante técnicas como la resonancia magnética.
En paralelo, la coordinación entre profesionales se perfila como un elemento clave. Iniciativas como el taller ReferNET, que reúne a neurólogos de distintas áreas, buscan unificar criterios y protocolos para garantizar una atención homogénea en toda la comunidad. Según los expertos, este tipo de colaboración será fundamental para asegurar que los avances terapéuticos se traduzcan en una mejora real en la calidad de vida de los pacientes.
