La detección precoz del cáncer de mama es una de las herramientas más consolidadas de la salud pública para reducir la mortalidad por esta enfermedad. Sin embargo, los datos más recientes apuntan a que los programas de cribado en España atraviesan un momento delicado: la participación no ha recuperado los niveles anteriores a la pandemia y las diferencias entre grupos sociales se han agudizado.
La cobertura de mamografías cae 13,5 puntos respecto a 2017
Según el último informe del Ministerio de Sanidad, el 68% de las mujeres de entre 50 y 69 años declaró haberse realizado una mamografía en los dos años anteriores a la encuesta. Esta cifra supone una caída de 13,5 puntos porcentuales respecto al 81,5% registrado en 2017, el nivel más alto documentado hasta la fecha.
El Ministerio señala que esta evolución se relaciona principalmente con un aumento del tiempo transcurrido desde la última prueba, más que con un incremento de mujeres que nunca se han sometido a una mamografía. Esto apunta, según el informe, a dificultades en la continuidad y periodicidad de la participación, un elemento clave para que los programas de detección precoz mantengan su efectividad. Dicho de otro modo: no se trata tanto de mujeres que nunca han acudido, sino de mujeres que han dejado de acudir con la regularidad necesaria.
Los programas de cribado poblacional de cáncer de mama en España están dirigidos, de forma general, a mujeres en la franja de edad de 50 a 69 años, aunque algunas comunidades autónomas han ampliado este rango. La periodicidad recomendada es, habitualmente, una mamografía cada dos años dentro del programa.
Las desigualdades sociales marcan quién accede al cribado
Uno de los aspectos más relevantes del informe es la brecha que existe entre grupos sociales. Mientras las mujeres pertenecientes a los grupos más favorecidos mantienen coberturas de mamografía cercanas al 75-77%, aquellas en situación más desfavorecida se sitúan en torno al 60-62%. Una diferencia de entre 13 y 17 puntos porcentuales que, según el documento, se ha ampliado respecto a ediciones anteriores.
El informe también recoge que la reducción en la participación ha sido más intensa precisamente entre las mujeres de grupos socialmente más desfavorecidos, lo que agrava desigualdades que ya existían antes de la pandemia. Estas diferencias no se limitan al nivel socioeconómico: el documento señala que también persisten variaciones según el país de nacimiento y el territorio, con diferencias importantes entre comunidades autónomas.
Una situación similar se observa en la detección precoz del cáncer de cuello uterino. El 75,6% de las mujeres de 25 a 64 años declaró haberse realizado una citología vaginal en los últimos cinco años, por debajo del entorno del 80% que se había estabilizado hasta 2017. La caída es especialmente pronunciada entre las mujeres jóvenes de 25 a 34 años y entre las pertenecientes a grupos más vulnerables, donde la cobertura cae por debajo del 70%, frente a más del 80% en los grupos más favorecidos.
El cribado colorrectal avanza, pero con brechas territoriales y sociales
El informe ofrece también una lectura más positiva en el caso del cáncer colorrectal. La proporción de personas de 50 a 69 años que declara haberse realizado una prueba de sangre oculta en heces en los últimos dos años ha pasado del 3,4% en 2009 al 38,7% en 2023, lo que refleja la progresiva implantación de estos programas en España.
Sin embargo, el 45,2% de la población de este grupo de edad declara no haberse realizado nunca la prueba. Esta proporción alcanza valores cercanos al 60% entre las personas nacidas en el extranjero y supera el 50% en determinados grupos socialmente más desfavorecidos.
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