Un informe del Instituto Sueco de Economía de la Salud advierte de que la brecha entre países se ha reducido desde 2018, pero aún es de más del triple
Que un medicamento oncológico obtenga el visto bueno de la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) y la financiación pública no garantiza necesariamente que llegue inmediatamente después a los pacientes. Así lo subraya el Informe Comparativo sobre el Cáncer en Europa 2025, elaborado por el Instituto Sueco de Economía de la Salud (IHE), que sitúa la adopción real de los tratamientos en la práctica clínica como el factor que, en última instancia, determina el beneficio para quienes padecen la enfermedad.
Tras la autorización europea, cada país debe decidir precios y reembolso, y aun así los fármacos suelen tener que incorporarse a las guías clínicas antes de su uso rutinario. En países como Italia, España y Suecia, además, se requieren aprobaciones regionales o subnacionales que añaden nuevas demoras.
Una diferencia de tres veces entre países
Los datos de 2023 de utilización de nuevos medicamentos contra el cáncer, calculada en miligramos consumidos por cada caso diagnosticado, reflejan diferencias notables: Austria y Suiza registraron la mayor adopción, mientras que Letonia y Polonia se situaron en el extremo opuesto. Llama la atención el caso de Alemania, que lidera de forma sistemática la encuesta EFPIA Patients WAIT Indicator sobre reembolso, pero que solo alcanzó el quinto puesto en adopción, lo que demuestra que un entorno favorable de financiación no asegura por sí solo un uso elevado.
Este informe también desvela avances significativos. Considerando doce tipos de cáncer y categorías de productos, la diferencia entre los países con mayor y menor adopción fue de tres veces, frente a más de cinco en 2018. El cáncer de mama mostró la mayor homogeneidad entre países, mientras que el de pulmón presentó la mayor variación, con una menor adopción en varios países de Europa Central y Oriental que coincide con la menor disponibilidad de pruebas avanzadas de biomarcadores en parte de la región.
La brecha Este-Oeste se difumina
El análisis también matiza la tradicional división entre Este y Oeste. Si bien históricamente los países occidentales ofrecieron un acceso más rápido y amplio a la innovación, el patrón ya no es tan nítido: Eslovenia destaca como ejemplo de recuperación y se sitúa ahora más cerca de los países de mayor acceso, mientras que Portugal y los Países Bajos se encuentran hoy más próximos al extremo inferior de la clasificación. Según el informe, las disparidades reflejan cada vez más las decisiones políticas nacionales y la capacidad de los sistemas sanitarios, más que la geografía o la riqueza económica por sí solas.
Francia y Alemania, a la cabeza de los grandes mercados
Entre los cinco grandes mercados farmacéuticos europeos, Francia y Alemania muestran por lo general la adopción más rápida y extendida de los fármacos oncológicos recién aprobados. Italia y España ocupan una posición intermedia, con niveles inferiores a los de ambos pero normalmente superiores a los del Reino Unido, que se sitúa de forma sistemática en puestos bajos. El documento apunta que los exigentes procesos de evaluación de tecnologías sanitarias, los umbrales de rentabilidad más estrictos y los controles presupuestarios centralizados pueden explicar una adopción más lenta o selectiva.
El coste de llegar tarde
Según el informe, más allá de las cifras, el retraso tiene un coste de oportunidad: cuando los tratamientos que prolongan la supervivencia o mejoran la calidad de vida llegan más tarde, los pacientes pueden perder años potenciales de vida, con las consiguientes pérdidas de productividad para la sociedad.
Por ello, el informe aboga por que las políticas sanitarias no se centren únicamente en la investigación, la aprobación y el reembolso, sino también en la capacidad de implementación. Entre las medidas propuestas figuran armonizar el reembolso de medicamentos y de pruebas diagnósticas complementarias, ampliar la infraestructura de diagnóstico, invertir en la formación y retención de profesionales, actualizar periódicamente las guías nacionales con seguimiento de los patrones de prescripción y garantizar presupuestos suficientes para tratar a todos los pacientes elegibles. Europa ha avanzado en cerrar la brecha, concluye el análisis, pero el acceso equitativo a las innovaciones oncológicas sigue siendo una tarea pendiente.
