Investigadores del CIBERESP, liderados por María José Sánchez, analizan datos de más de 6.000 mujeres de siete países europeos
Una mayor ingesta de determinadas vitaminas del grupo B se asocia con un menor riesgo de desarrollar cáncer de mama, según un estudio europeo liderado por el grupo CIBERESP de la Escuela Andaluza de Salud Pública, bajo la coordinación de María José Sánchez Pérez, con la participación de investigadores del ibs.GRANADA y de la Universidad de Granada. Los resultados, publicados en The American Journal of Clinical Nutrition, se dan a conocer en el marco del Mes de Concienciación sobre el Cáncer de Mama.
El cáncer de mama es el tumor más diagnosticado en mujeres. En España se estima que en 2026 se detectarán más de 38.000 nuevos casos, según la Red Española de Registros de Cáncer (REDECAN). Su desarrollo es multifactorial, ya que intervienen factores genéticos, hormonales, ambientales y de estilo de vida.
Un 17 % menos de riesgo con mayor consumo conjunto de vitaminas B
El trabajo analiza el papel de nutrientes implicados en el metabolismo de un carbono o ciclo de la metilación, esencial para el funcionamiento celular y la regulación de la actividad de los genes. Entre ellos figuran el folato y las vitaminas B2, B6 y B12.
Los autores utilizaron datos de la cohorte europea EPIC (European Prospective Investigation into Cancer and Nutrition), con 6.134 mujeres: 3.067 con cáncer de mama invasivo y otras 3.067 sin la enfermedad, como grupo de comparación.
Una mayor ingesta de vitamina B2 (riboflavina) y de vitamina B12 (cobalamina) se asoció, por separado, con un riesgo entre un 6 % y un 7 % menor por cada aumento de una desviación estándar en el consumo. Además, las mujeres con mayor puntuación conjunta de ingesta de folato y vitaminas B2, B6 y B12 presentaron un riesgo un 17 % menor que las de puntuación más baja.
«Estos resultados muestran una asociación estadística, pero no permiten afirmar que consumir más vitaminas del grupo B reduzca por sí mismo el riesgo de desarrollar cáncer de mama», aclara Dafina Petrova, investigadora co-responsable del grupo del CIBERESP.
El alcohol debilita la asociación
El equipo también examinó si el consumo de alcohol modificaba esta relación. La asociación inversa se debilita a medida que aumenta la ingesta de alcohol, que puede interferir en el metabolismo del folato y en la metilación del ADN.
«En cualquier caso, los resultados no deben interpretarse como que una ingesta adecuada de vitaminas compensa los riesgos asociados al consumo de alcohol«, advierte José María Gálvez Navas, primer autor del estudio e investigador del CIBERESP.
Factores genéticos: un hallazgo en mujeres premenopáusicas
Los investigadores analizaron además si la predisposición genética influía en el riesgo, mediante puntuaciones que combinan múltiples variantes relacionadas con el metabolismo de un carbono. En el conjunto de las participantes no se observó una asociación consistente con el riesgo global de cáncer de mama.
Sin embargo, entre las mujeres premenopáusicas, una puntuación genética asociada a una menor expresión de ciertos genes en el tejido adiposo se vinculó con un riesgo un 12 % mayor. “Este hallazgo apunta a que determinados mecanismos genéticos podrían relacionarse con el riesgo de cáncer de mama de forma diferente según el estado menopáusico. No obstante, se trata de un resultado específico que requiere confirmación en otras poblaciones”, explica el equipo investigador.
El estudio tampoco halló interacciones significativas entre las variantes genéticas analizadas y los nutrientes estudiados.
La investigación se ha realizado en colaboración con dos grupos del CIBERESP vinculados a la Fundación para la Formación e Investigación Sanitarias de la Región de Murcia y al Instituto de Salud Pública de Navarra, así como con investigadores de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) y del Imperial College London.
