La mala calidad del sueño sigue ganando peso como uno de los principales problemas de salud pública en España. Mientras países como Francia han decidido situar el descanso entre sus prioridades sanitarias, la Alianza por el Sueño reclama que nuestro país dé el mismo paso mediante la creación de una Estrategia Nacional del Sueño que permita prevenir y abordar los trastornos del sueño de forma coordinada.
La petición llega un año después de que el Gobierno francés pusiera en marcha la Hoja de ruta interministerial en favor de un sueño de calidad 2025-2026, un plan que incluye 25 medidas dirigidas a promover hábitos saludables, sensibilizar a la población y crear entornos que favorezcan un descanso adecuado. La organización destaca que esta iniciativa resulta especialmente pertinente porque la situación de ambos países es muy similar: el 45% de los franceses asegura padecer algún trastorno del sueño, mientras que en España el 43,3% de la población presenta síntomas relacionados con el insomnio. Entre la población infantil, las cifras también son preocupantes, ya que cuatro de cada diez menores españoles de entre 8 y 16 años no duermen las horas recomendadas durante la semana.
El elevado coste de dormir mal
La Alianza por el Sueño recuerda que el impacto del mal descanso trasciende el ámbito sanitario. El insomnio crónico se asocia a una pérdida de productividad de entre 44 y 54 días al año por trabajador, lo que supone un coste cercano a los 12.000 millones de euros anuales para la economía española. Además, aumenta el riesgo de errores, accidentes laborales y problemas de salud.
A ello se suma el elevado consumo de benzodiacepinas para tratar el insomnio. España continúa siendo el país con mayor consumo de estos medicamentos y, según los últimos datos del Ministerio de Sanidad, el uso de hipnóticos y sedantes ha aumentado más de un 3% en la última década. Aunque estos tratamientos pueden ser eficaces durante periodos cortos, los expertos advierten de que su uso prolongado puede provocar dependencia, deterioro cognitivo y un mayor riesgo de accidentes.
«Además de los graves efectos que las benzodiacepinas pueden suponer para la salud, consumidas muchas veces sin receta médica, el gasto en estos fármacos supera los 100 millones de euros al año para el sistema sanitario. Necesitamos disponer de alternativas más adecuadas e innovadoras para el manejo del insomnio crónico», señala la doctora Odile Romero, coordinadora del Grupo Sanitario de la Alianza por el Sueño.
Recursos disponibles sobre sueño y una estrategia pendiente
Mientras insiste en la necesidad de una estrategia nacional, la Alianza por el Sueño recuerda que en los últimos meses ha desarrollado diferentes herramientas para fomentar una adecuada higiene del sueño entre profesionales sanitarios, administraciones y centros educativos. Entre ellas figuran la Pirámide del Sueño, el Decálogo de propuestas para unos horarios escolares saludables, la Guía Práctica de Terapia Cognitivo-Conductual para el Insomnio (TCC-I) y un documento específico sobre el cuidado del sueño en el trabajo a turnos.
La entidad considera que estos recursos pueden servir de apoyo a las administraciones, pero insiste en que España necesita una hoja de ruta similar a la francesa que sitúe el sueño como un pilar esencial de las políticas de salud pública, al mismo nivel que la alimentación saludable y la actividad física.
