Año 2030: el “escenario realista” para tratar el fin de la alopecia

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El reciente éxito de una investigación para poner fin a la calvicie común, una combinación de células madre y moléculas energizantes, ha generado un interés y un optimismo enormes en las personas que desean evitar la alopecia. El artífice del experimento, el dermatólogo Eduardo López Bran, afirma que “un escenario optimista y realista” para que el público use esta nueva terapia es de “cinco años a partir de ahora”.

Así lo ha asegurado en ‘Los diálogos de EFEsalud’, titulados ‘Terapia con células madre: más cerca del fin de la alopecia’. El trabajo ha sido liderado por el jefe del Servicio de Dermatología del Hospital Clínico San Carlos y director de la clínica IMEMA.

A primeros de junio, la revista ‘Stem Cell Research & Therapy’ publicaba el estudio del equipo liderado por López Bran. Había conseguido, tras cinco años de trabajo, la repoblación total o intensa del 100 % de los ratones machos que monitorizaron y del 90 % de los ratones hembra.

Vendrán ahora más fases de la investigación, en especial los ensayos en humanos, lo que puede abarcar de dos a tres años. ¿Hay motivos para el optimismo? “Indudablemente, los exitosos resultados” permiten “dibujar un escenario para que en un plazo no superior a 5 años” sea accesible “la primera terapia avanzada, la primera celular, en el tratamiento de un problema de tanta incidencia”, sostiene López Bran.

Receta que se aplicará con inyecciones

La aplicación exitosa de células madre y trifosfato de adenosina en roedores es el primer paso de la travesía: “La idea es acabar con los ensayos preclínicos de seguridad durante lo que queda de año y en 2026 iniciar la primera fase de ensayos clínicos en humanos; a lo largo de 2027 y 2028 seguiremos con esos ensayos”, precisa el dermatólogo.

El final del camino no queda tan lejos: “En un plazo de cinco años, si se cumplen los requisitos de las agencias reguladoras, que son muy exigentes, estaríamos en un escenario de llevar la receta clínica del producto”, zanja.

Receta que se aplicará con mesoterapia, es decir, con inyecciones en las zonas del cuero cabelludo. El impulsor de la investigación confía en que la administración del producto genere “resultados duraderos” contra la alopecia androgenética, el tipo de calvicie más común, tanto que se estima que afecta al 80 % de los hombres en algún momento de su vida y al 40 % de las mujeres.

La revolución de las células madre para la alopecia

En mujeres y en hombres, este tipo de alopecia “conlleva repercusión en su bienestar emocional”, independientemente de los “patrones evolutivos diferentes”. Mientras en ellos la calvicie empieza a manifestarse en la región “frontotemporal”, a través de las entradas, en ellas comienza “a partir de la línea media del borde superior” del cuero cabelludo, y aunque no es tan visible, también provoca rechazo, y en consecuencia, interés en soluciones.

Como asegura López Bran, esta terapia con células madre configura “una posible solución a volver a tener pelo”. “Y a volver a sentirnos más jóvenes”, añade.

Perder el cabello, sin embargo, “no es sólo un atributo importante de belleza”, sino además “una condición médica”. El pelo es una “barrera física” ante las radiaciones solares y las agresiones medioambientales, de modo que su carencia aumenta el riesgo de lesiones “incluso de tipo canceroso”, apunta el jefe del servicio de dermatología del Hospital Clínico San Carlos.

López Bran, por otra parte, presenta una larga trayectoria de tratamientos capilares, en especial implantes, y un extenso recorrido investigador. La experiencia le llevó a poner la mirada en las células madre. “Podía suponer una vía de abordaje nueva y diferente del tratamiento de la alopecia”, afirma.

Buscaba mejorar la supervivencia de las “unidades foliculares” que trasplantaba, y pensó en la oportunidad que podían suponer moléculas energizantes como el trifosfato de adenosina. Algo así, explica, como “el deportista al que le dan una vitamina dentro de la legalidad y consigue llevar su cuerpo más allá”.

“Las terapias avanzadas supondrán un cambio en la forma de abordar muchas enfermedades para las que ahora no tenemos solución”.

La investigación, cinco años de duración, ha tenido momentos alegres y momentos menos alegres. Entre los primeros, “el soporte científico” que recibieron cuando en 2021 una revista científica de “impacto” demostró que estaban en el camino correcto. Entre los segundos, las dificultades para medir numéricamente la pérdida de pelo en roedores.

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