Dormir siete u ocho horas ayuda a recuperar los recuerdos más débiles

La investigación subraya que el sueño nocturno posterior a la adquisición de las nuevas memorias contribuye sobre todo a fortalecer aquellas memorias que son poco estables.

Un estudio, liderado por el Laboratorio de Neurociencia Funcional de la Universidad Pablo de Olavide (UPO) y publicado en la revista Scientific Reports, ha concluido que las horas de sueño ayudan a recuperar los recuerdos poco estables de la memoria en estudiantes universitarios.

El trabajo, liderado por Mercedes Atienza, catedrática de Fisiología de la UPO, y en el cual han participado expertos del grupo de Cognición y Plasticidad Cerebral en el Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (IDIBELL), muestra que si una persona duerme cuatro horas es difícil que adquiera nuevas memorias al día siguiente. Además, la investigación también revela cómo una duración ‘normal’ de sueño, que para la mayoría de las personas jóvenes oscilaría entre 7 y 8 horas, podría cambiar estos efectos. “La buena noticia es que el hecho de que una memoria sea débil no significa que esté condenada al olvido”, explica Atienza.

Por otra parte, la investigación subraya que el sueño nocturno posterior a la adquisición de las nuevas memorias contribuye sobre todo a fortalecer aquellas memorias que son poco estables. “Cuando recuperamos los detalles de un evento, vuelven a activarse parte de los circuitos cerebrales que se habían activado durante la adquisición inicial de ese evento”, afirma la investigadora.

Por lo tanto, el estudio confirma que el sueño mejora el recuerdo de las memorias más débiles. “Esta recuperación podría facilitarse no solo a través del sueño nocturno, sino también a través de una siesta”, matiza.

La fuerza de la memoria

La investigación se realizó en personas jóvenes, todas ellas universitarias. A la mitad de ellas se les permitió dormir 8 horas mientras que a la otra mitad solo se les permitió dormir durante las últimas 4 horas de la noche. Al día siguiente, ambos grupos tuvieron que memorizar pares de caras de personajes famosos. Cada par de caras se presentó cuatro veces a lo largo de la prueba, de manera que se pudo evaluar cuán consistente era el patrón de actividad eléctrica cerebral asociado a cada una de las repeticiones.

Otros estudios ya habían demostrado que cuanto mayor es la consistencia de la actividad cerebral tras varias repeticiones del mismo evento más fuerte es la representación neural de ese evento y mayor la probabilidad de que este se recuerde posteriormente. Esta consistencia y, por tanto, la fuerza de la memoria se vio claramente comprometida en el grupo que fue sometido a la restricción de sueño. Sin embargo, tras permitirles dormir un periodo de 8 horas en la noche siguiente al experimento, los dos grupos de participantes mostraron una ejecución muy similar en la prueba de memoria.

Finalmente, los investigadores se preguntaron si el sueño de la noche siguiente podía estar contribuyendo a este cambio. “Efectivamente, el grado de acoplamiento entre las ondas lentas y los husos de sueño, dos eventos neurofisiológicos que caracterizan al sueño de ondas lentas, estaba asociado al proceso de reactivación cerebral y a la recuperación de la memoria”, indica Atienza.

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