Los datos de tu móvil ayudan a estudiar la eficacia del confinamiento

¿Son eficaces las medidas de confinamiento para frenar el coronavirus? El CSIC utiliza datos de móviles para estudiarlo.

teléfono móvil

Un proyecto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) utiliza técnicas de analítica de datos para comprobar la eficacia de las medidas de confinamiento tomadas para evitar la propagación de la Covid-19.

El análisis de datos masivos anónimos, obtenidos de operadores de telefonía y servidores de mapas, podrá determinar cómo ha cambiado la movilidad y ayudará a tomar futuras decisiones relativas a la estrategia de distanciamiento social.

¿Cuándo y cómo se levantará el confinamiento?

La información reunida permitirá simular diferentes escenarios o estrategias de distanciamiento social y ayudará al equipo de trabajo en la toma de decisiones. Solo una vez analizados los resultados, se podrá decidir si se activa un confinamiento más estricto o se planifica un fin de confinamiento seguro y eficaz.

De acuerdo con Frederic Bartumeus, del Centro de Estudios Avanzados de Blanes (CEAB-CSIC) y el CREAF, se espera que los resultados “sirvan para comprender mejor los efectos del confinamiento sobre la dispersión de la enfermedad. También para ayudar en la toma de decisiones relacionadas con la revocación de las medidas; para saber si es mejor finalizar el confinamiento de forma progresiva o no”.

Fases del proyecto

Para llegar al objetivo último, que es ayudar en la toma de decisiones relativas al confinamiento, el proyecto incluye varias fases que se están realizando en paralelo. Según detalla José Javier Ramasco, del Instituto de Física de Sistemas Complejos (IFISC, centro mixto del CSIC y la Universidad de las Islas Baleares).

Primero se realiza la caracterización de la movilidad, que se está coordinando desde el IFISC a partir de la aportación de distintas plataformas de datos y que en ningún caso accede a información individual. Se recoge información, por ejemplo, procedente de redes sociales online y patrones de movilidad capturados por registros de telefonía móvil. En este último caso, los datos son recogidos por las operadoras y empresas que participan en el proyecto y proveen al equipo de investigación con flujos de viajes agregados entre zonas.

En una segunda fase, se analiza el cambio de comportamiento de las personas debido a la percepción de riesgo. Desde el CEAB, el IEGD y la UPF se están desarrollando encuestas y aplicaciones móviles para cuantificar estos cambios. Se trata de estimar la adherencia a las medidas de protección personal por parte de la población y cuáles son los cambios en la cantidad y calidad de los contactos que se tienen. “Esta información es crucial para entender el proceso de contagio”, indica Ramasco.

Finalmente, todos estos datos forman parte de modelos computacionales que se están desarrollando desde el IFISC y el IFCA para poder estudiar los distintos escenarios de salida de la crisis.

“El confinamiento ha sido generalizado y relativamente súbito, pero si se deben evitar nuevos brotes es necesario contar con simuladores capaces de evaluar escenarios con distintos ritmos de vuelta a la normalidad, tanto por sectores como por zonas geográficas”, advierte Ramasco.

Todo sobre el proyecto

En la investigación está trabajando un equipo multidisciplinar con expertos en computación, demografía, física y estudio del movimiento. Se trata de uno de los 12 proyectos que ha lanzado el CSIC para estudiar el coronavirus (SARS-CoV-2), a través de la plataforma temática interdisciplinar (PTI).

El proyecto, ya pre-financiado desde el CSIC gracias a la donación recibida de AENA, está coordinado por los científicos José Javier Ramasco, del Instituto de Física de Sistemas Complejos (IFISC, centro mixto del CSIC y la Universidad de las Islas Baleares) y Frederic Bartumeus, del Centro de Estudios Avanzados de Blanes (CEAB-CSIC) y el CREAF.

Cuenta con la participación de equipos del Instituto de Economía, Geografía y Demografía (IEGD-CSIC), del Instituto de Física de Cantabria (IFCA-CSIC), del Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC), así como de científicos de la Universidad Pompeu Fabra y del Centro Nacional de Epidemiología-Instituto de Salud Carlos III (ISCIII).

Los primeros informes están accesibles aquí.

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