Cáncer de piel: síntomas y prevención

¿Qué es el cáncer de piel?

El cáncer de piel se encuentra entre los tipos de tumores que más afectan a la población. Según datos de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), cada año se diagnostican 3 millones de casos en todo el mundo. De todos ellos, 132.000 fueron casos de melanoma y, solo en España, la OMS advierte que se diagnostican más de 5.000 cada año.

El cáncer de piel se produce por el crecimiento anormal y descontrolado de las células cutáneas que se han visto alteradas por la radiación ultravioleta (UV) procedente de la luz solar o de las cabinas de bronceado. Por ello, este tipo de cáncer se suele manifestar con mayor frecuencia pieles expuestas al sol y rayos uva.

Entre los principales tipos de cáncer de piel encontramos: carcinoma de células basales, carcinoma de células escamosas y melanoma.

Este último, el melanoma, es el tipo de cáncer de piel más común y peligroso, y de todos los tipos de tumores cutáneos, es el que más muertes produce. Sin embargo, a pesar de ser el más peligro, es el que presenta mayores facilidades para ser prevenido.

Factores de riesgo

Aunque son muchas las causas que pueden provocar el cáncer de piel, la exposición excesiva e inadecuada al sol y a los rayos ultravioleta es el factor de riesgo que más influye en el desarrollo de este tumor.

El sexo y la etnia también influyen, siendo las mujeres y las personas de piel clara las más afectadas. Asimismo, la presencia de lunares o manchas cutáneas, o los antecedentes familiares también aumentan las posibilidades de su aparición, así como la inmunodepresión.   

Principales síntomas

Los síntomas del cáncer de piel varían dependiendo del tipo de cáncer de piel ante el que nos encontremos. Las señales que más evidencian su aparición será la aparición de marcas en la piel.  

– Aparición de lunares irregulares

La aparición de lunares nuevos, sobre todo con formas extrañas, es uno de principales signos del cáncer de piel. Estos suelen llamar la atención con facilidad, dado que aparecen de repente, con características notorias en su tamaño, color y textura.

En cuanto al color, mientras que unos aparecen en forma de manchas rojizas, otros presentan una textura más abultada y un color oscuro. Éstos serán fácilmente identificables con una autoexploración.

– Cambios en los lunares existentes

En muchos casos no aparecen lunares nuevos, sino que se produce un cambio en los que ya tenemos. Este hecho no debe ser ignorado bajo ninguna circunstancia, ya que podría ser un síntoma de que algo en nuestra piel no está bien y, al igual que en el caso anterior, hay que prestar atención a estos cambios y acudir a un especialista lo más rápido posible.

Para estos casos, los especialistas han desarrollado la regla ABCDE, que nos indica las características a tener en cuenta ante la modificación de un lunar.

  • A: Asimetría. Hace referencia a aquellos lunares que presentan una forma diferente en ambas mitades.
  • B: Borde. Es el caso de los lunares cuyos bordes no son lisos, sino irregulares o deformes.
  • C: Color. En los casos en los que se producen cambios evidentes en el color del lunar, como oscurecimiento, decoloración, extensión o la adquisición de nuevas tonalidades como azul, rojo, rosa o grisáceo.
  • D: Diámetro. El lunar aumenta su tamaño alcanzando los 6 mm de ancho o más.
  • E: Elevación. La superficie del lunar se vuelve abultada o irregular.

– Propagación de manchas de la piel

A pesar de que son muchos los factores, tanto externos como internos, que pueden ocasionar la aparición de manchas en la piel, hay que poner el foco en el desarrollo de las mismas, para determinar si estamos ante algún tipo de cáncer.

Es el caso, por ejemplo, cuando los pigmentos de los bordes de las manchas se propagan hasta el resto de la piel como consecuencia de una alteración en la actividad de las células.

– Heridas que no desaparecen

La aparición de llagas, heridas o úlceras y la no cicatrización de las mismas, podría indicarnos que estamos ante algún tipo de tumor maligno en nuestra piel, ya que, si las células están sanas, la piel tiene la capacidad de regenerarse en poco tiempo.

Por el contrario, si existen alteraciones o las células no son benignas, la cicatrización disminuye, por lo que las heridas no llegan a curarse en su totalidad. Si han pasado tres meses, y la herida persiste, será necesario acudir a un médico para la revisión de la misma.

¿Cómo puedo prevenir el cáncer de piel?

Como se indicaba anteriormente, la mejor medida de prevención para reducir el riesgo de cáncer de piel y evitar complicaciones en la salud cutánea, es evitar exponerse sin protección a los rayos solares y a otras fuentes de luz ultravioleta.

Pese a que en verano el riesgo de exposición a los rayos uva es mucho más elevado, no hay que olvidar que el resto del año, la incidencia de la radiación solar también está presente, ya sea en la nieve o en un día nublado.

Por ello, es muy importante que este hábito comience desde edades tempranas. En la mayoría de los casos, los problemas en la piel causados por el sol ocurren en la infancia y la adolescencia.

Recomendaciones a tener en cuenta:

  • Usar protector solar con un factor de protección alto (más del 15)
  • Evitar la exposición al sol en las horas centrales del día (12:00 – 16:00 horas)
  • Protegerse con ropa, sobre todo las zonas más sensibles como cara, escote y cuero cabelludo
  • No utilizar cabinas de rayos uv
  • Si se utilizan gafas de sol, que el porcentaje de absorción de rayos uva sea entre un 99 – 100%.
  • Autoexploración de la piel
  • Someterse a una revisión anual con un dermatólogo

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