La COVID-19 ha aumentado el dolor y el sufrimiento en más del 60% de la población con dolor crónico

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El abordaje del dolor crónico por parte de los profesionales debe ser multidisciplinar, siempre en coordinación con los equipos tanto públicos como privados que estén tratando al paciente, dado que han demostrado su eficacia y costo-efectividad. En este aspecto, dentro de las Unidades de Dolor existen patologías que se derivan con más frecuencia a atención psicológica, las mismas que precisan asistencia por el resto del equipo: dorso- lumbalgias, síndrome de espalda fallida, patologías relacionadas con suelo pélvico, cefaleas de todo tipo, dolores generalizados y otras patologías neuropáticas complejas.

El 66% de las personas a las que se atiende son mujeres dado que ellas piden ayuda antes, entre otras razones, según indica la Sociedad Española del Dolor (SED) a través de su campaña #NoHayDolor.

“Las emociones negativas como la tristeza, la rabia o la ansiedad, actúan como detonantes y mantenedores, generando tensión muscular y mayor percepción del dolor. En el caso de la desesperanza, dispara el catastrofismo sobreestimando la percepción dolorosa y subestimando la eficacia de fármacos y terapias”, ha señalado Elisa Gallach, psicóloga Clínica de la Unidad de Dolor en el Hospital Universitario y Politécnico La Fe de Valencia.

En cuanto a las emociones positivas, la psicóloga asegura que “la resiliencia o el optimismo hacen que la percepción dolorosa disminuya porque la persona tiene la capacidad de ejercer cierto control sobre el dolor”.


El confinamiento ha incrementado el dolor de los pacientes

Asimismo y como apuntan los especialistas, la primera ola de la pandemia suspendió toda la actividad, exceptuando aquellos procedimientos inaplazables y algunas visitas telefónicas en función de los recursos disponibles en cada unidad. Sin embargo, a pesar de no tener datos para evaluar su magnitud, el impacto más grave está siendo el posterior. Esto es debido a que la asistencia se ve aún limitada y dificultada por los recursos, tanto del hospital como de los propios pacientes para poder realizar visitas telemáticas. Además, aún en muchos centros hay una reducción de la actividad por la menor disponibilidad de profesionales”.

En este sentido, según la encuesta ‘Paciente dolor crónico y covid-19’ realizada por la SED, el 59,4% de las personas con dolor siente que el confinamiento ha incrementado su problema de salud. La mayoría de los participantes en el estudio percibe un empeoramiento de su dolor debido al sedentarismo provocado por la pandemia de la Covid-19.

En cambio, solo el 6% ha percibido una mejoría en su estado de salud debido a que ha visto aumentado su tiempo de reposo, frente a trabajos exigentes físicamente. Muchos dolores que afectan al sistema musculoesquelético son más prevalentes en las fases de actividad laboral de los pacientes; existen trabajos que imponen una carga física a los pacientes muy alta.

Además, ciertas situaciones de estrés laboral también pueden aumentar la percepción de dolor. Estas circunstancias podrían explicar la disminución de dolor en este porcentaje de pacientes.


La nutrición, componente principal de la salud

Teniendo en cuenta el papel tan importante que tiene la nutrición en el dolor crónico, Laura Isabel Arranz, dietista-nutricionista especializada en dolor crónico de la Clínica Barnadolor (Barcelona) y Onelife (Madrid), manifiesta que “una alimentación adecuada con una buena ingesta de omega-3, rica en vitaminas y minerales, fibra, etc., aporta al organismo componentes antiinflamatorios y antioxidantes nutricionales que son de gran ayuda. De lo contrario, ingerir ciertos alimentos, como azúcares añadidos o un exceso de grasas saturadas puede ser contraproducente y empeorar el dolor crónico, y su evolución.

Una mala alimentación puede llegar a afectar también al bienestar gastrointestinal, al equilibrio endocrino o al sistema inmunitario.

Por este motivo, el principal objetivo del asesoramiento nutricional en pacientes con dolor crónico es instaurar una alimentación antiinflamatoria personalizada que permita un buen nivel de mejora. Por otro lado, es imprescindible enseñar cuáles son los factores que benefician y cuáles los que perjudican para que el paciente pueda mantener esos hábitos a largo plazo.

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