La hiperlaxitud articular, un marcador para el diagnóstico del trastorno por ansiedad en menores

ansiedad

Un estudio publicado en la Revista de Psiquiatría y Salud Mental demuestra, por primera vez en niños y adolescentes, la relación entre el síndrome de hiperlaxitud articular y el trastorno por ansiedad. De los menores analizados, uno de cada tres que presentaban un trastorno por ansiedad, sufría también el síndrome de hiperlaxitud articular. 

Los investigadores, del Instituto de Neuropsiquiatría y Adicciones (INAD) y del Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas (IMIM), apuntan que todo ello puede llevar a utilizar este rasgo de las articulaciones como marcador para diagnosticar la patología.

Hasta ahora, la relación entre las dos patologías se había estudiado y demostrado en pacientes adultos, pero no en menores de edad. El trabajo ha revelado que “los niños que tienen ansiedad presentan más hiperlaxitud y que los que tienen hiperlaxitud presentan más síntomas somáticos y ansiedad, es decir, una relación en ambas direcciones”, destaca Antoni Bulbena, director de Docencia e Investigación del INAD y autor principal del estudio.

Esto lleva a los investigadores a defender que el síndrome de hiperlaxitud articular se puede utilizar como marcador para el diagnóstico del trastorno por ansiedad en niños, niñas y adolescentes. “Nos da un marcador clínico, físico, que nos orienta para predecir que un niño puede tener ansiedad”, explica Bulbena.

Análisis de los grupos de pacientes

Los investigadores han estudiado a 160 niños (74 chicas y 86 chicos) con edades entre los 5 y los 17 años. Todos habían sido derivados a los servicios de salud mental del Hospital del Mar. Se les realizó una entrevista diagnóstica utilizando diferentes herramientas para evaluar su situación. Uno de cada 5 presentaba síndrome de hiperlaxitud articular, con una prevalencia más elevada entre las niñas (31 %) que entre los niños (14 %). Además, la mitad cumplía los criterios de diagnóstico de cualquiera de los tipos de trastorno por ansiedad.

Si se analiza el grupo de pacientes con ansiedad, más de un tercio presentaba también hiperlaxitud, ante el 15 % en el grupo sin este diagnóstico. A la vez, tenían un peso corporal más bajo.

En el otro sentido, el estudio de los datos del grupo con síndrome de hiperlaxitud articular reveló que dos de cada tres tenían ansiedad. Además, sus puntuaciones en la entrevista diagnóstica en depresión por ansiedad, quejas somáticas, rotura de normas y comportamiento agresivo, fueron más altas que las de los pacientes sin este síndrome.

Abordaje conjunto

Los resultados del trabajo dejan claro que los niños con síndrome de hiperlaxitud articular sufren una frecuencia más alta de trastornos por ansiedad y de ansiedad fisiológica, así como de síntomas somáticos. Esto la convierte en un buen marcador que puede facilitar su tratamiento.

Esto puede permitir un abordaje conjunto, tanto de los aspectos físicos como mentales de las dos patologías. En estudios previos en niños y niñas sin patología declarada también se había encontrado que, aquellos con hiperlaxitud, son más proclives a la ansiedad y a la percepción corporal aumentada.

La hiperlaxitud

La hiperlaxitud, conocida también como enfermedad de Ehlers Danlos, es un trastorno genético, a menudo no diagnosticado, que afecta al tejido conectivo y que se manifiesta con un aumento de la movilidad de las articulaciones. Afecta a entre el 15 y el 20 % de la población y está considerada una enfermedad rara.

Por ahora se sabe que no es solo un trastorno del tejido conectivo, sino que también incluye afectaciones neurovegetativas, neurofisiológicas, intestinales y dolor en las articulaciones, entre otros síntomas.

Uno de los hechos más destacados en estos pacientes es su gran sensibilidad, como es el caso del olfato, y una percepción corporal aumentada, es decir, notan más su propio cuerpo y su cerebro está más alerta y reacciona también más.

Los trastornos por ansiedad

Los trastornos por ansiedad son los trastornos psiquiátricos con más prevalencia en niños (que se sitúa a lo largo de la vida entre el 15 y el 32 %), y se asocian con un buen número de complicaciones evolutivas, psicosociales y psicopatológicas. Además, están asociados a un incremento del riesgo de depresión, abuso de substancias y otros trastornos.

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