Los medicamentos innovadores, una inversión social a corto, medio y largo plazo

Los nuevos fármacos generan un ahorro directo en costes sanitarios de entre 2,4 y 8,3 veces el gasto inicial que suponen, a lo que se suma la mejora de la productividad y el impulso al empleo y el tejido investigador.

innovación farmacéutica

El ahorro en costes que generan las innovaciones farmacéuticas es siempre superior al gasto adicional que supone adquirirlas. Estudios internacionales constatan que los medicamentos innovadores proporcionan un ahorro directo en costes sanitarios de entre 2,4 y 8,3 veces el gasto que suponen, gracias, sobre todo, a hospitalizaciones evitadas, reducción de consultas y otros gastos médicos.

A estos ahorros cabe sumar otros cuyos efectos se constatan a medio y largo plazo, como la menor duración e importancia de las bajas laborales, que se traducen a su vez en una mayor productividad, sin olvidar que, al reducir las limitaciones para realizar las actividades cotidianas, los medicamentos redundan en beneficios en términos de costes como los cuidados personales pro­vistos por profesionales o por el entorno afectivo del paciente en caso de dependencia.

“Los medicamentos innovadores constituyen uno de los mejores ejemplos de lo que hoy debe considerarse una inversión, ya que su uso adecuado genera importantes ahorros en el sistema sanitario en el corto, medio y largo plazo, y además conforman un factor clave para la mejora de la productividad, al reducir el número y la importancia de las bajas laborales, y son la clave de un sector que está a la cabeza en inversiones en I+D de la industria en España y es el principal dinamizador del tejido investigador”, afirma el presidente de Farmaindustria, Martín Sellés.

“La persona que, gracias a los nuevos medicamentos, se cura de una enfermedad o mejora de forma notable sus síntomas estará menos tiempo de baja, y volverá antes a su trabajo, volviendo a ser productivo y generando de nuevo riqueza para el conjunto de la sociedad”, explica Sellés, que considera que hay que plantear “una visión más amplia para evaluar todos los retornos que los medicamentos proporcionan a la sociedad, y que demuestran su condición de inversión, y no de gasto”.

Prolongación de la esperanza de vida

Por supuesto, la existencia de todos estos retornos no debe hacer olvidar la principal aportación de los nuevos medicamentos, la mejora de la salud y la calidad de vida que comportan, hasta el punto de que la introducción de los fármacos innovadores es responsable del 73% de la prolongación de la esperanza de vida en los países occidentales.

Así, de los 1,74 años de esperanza de vida ganada en los países integrados en la OCDE en la primera década del siglo, 1,27 años son consecuencia directa de la innovación farmacéutica. “Si además tenemos en cuenta que un año de esperanza de vida ganado proporciona cuatro puntos de ganancia para nuestra economía, pues podemos tener una idea aproximada de la repercusión de las innovaciones farmacéuticas en la economía y la productividad de los países”, añade Sellés.

Replanteamiento del sistema

Un obstáculo para considerar los medicamentos como una inversión es que muchas veces los responsables políticos y los gestores sanitarios tienen que ajustarse a un esquema rígido basado en periodos breves y presupuestos anuales, por lo que es complicado plantear inversiones que den sus frutos en el medio y largo plazo.

En este sentido, hay que afrontar un cambio de paradigma para responder a los retos que plantea la llamada medicina de precisión, que se basa en tratamientos cada vez más personalizados que, sin embargo, solo son posibles gracias a largos, complejos y arriesgados procesos de I+D que suponen costes muy elevados para las compañías, y que necesitan, en lo posible, generar retornos una vez que el medicamento está en el mercado.

Pues bien, este nuevo planteamiento requiere medir los resultados en salud de las innovaciones, algo que ya es posible con el manejo digital de datos, y que permitirá tener en cuenta todas las variables de la aportación del medicamento a corto, medio y largo plazo, pasando de una contabilidad presupuestaria a una analítica.

 “En resumen -concluye Sellés-, el reto es tener innovación, para que entre todos logremos los medicamentos que queremos y necesitamos, y de forma que sea sostenible para el conjunto del sistema sanitario”.

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