Consumir azúcares añadidos aumenta el riesgo de fragilidad en personas mayores

Un estudio coordinado por la Universidad Autónoma de Madrid ha revelado que los adultos mayores con un alto consumo de azúcares añadidos en su dieta tienen más riesgo de desarrollar fragilidad, lo que conduce a “un mayor número de caídas, más discapacidad, institucionalización y muerte prematura”, según comenta Martín Laclaustra, investigador de la Fundación Aragón Investigación y Desarrollo, que participa en el trabajo.

Los resultados, publicados en The American Journal of Clinical Nutrition, se basan en una muestra representativa de 1.973 adultos mayores de 60 años. Las encuestas realizadas a los participantes evidenciaron que quienes consumían más de 36 gramos al día de azúcares añadidos desarrollaban el síndrome de fragilidad con mayor frecuencia –más del doble (2,27)– que aquellos que consumían menos de 15 gramos al día.

Curiosamente, se observaron rasgos del síndrome de fragilidad –principalmente, baja actividad física y pérdida de peso no intencional– al estudiar los azúcares añadidos por la manipulación o procesado de los alimentos, pero no al estudiar los azúcares simples presentes de forma natural en los alimentos.

Los hallazgos son importantes en materia de salud pública ya que muchos ancianos podrían beneficiarse de una mejora en su dieta a partir de una medida sencilla, como presenta el estudio: la reducción del consumo de alimentos procesados.

El síndrome de fragilidad

“El síndrome de fragilidad asociado a la edad es una condición que resulta de la pérdida de reserva funcional, y que tiene entre sus fundamentos fisipatológicos la sarcopenia, o insuficiente masa muscular”, explica Lalaustra.

El síndrome ha despertado mucho interés en las últimas décadas por tres razones: se asocia a ciertas características identificables mediante preguntas y pruebas sencillas, es muy prevalente en la población de adultos mayores y se considera potencialmente reversible mediante hábitos de vida saludable, entre los que destacan la actividad física, la alimentación adecuada o la disminución de la polifarmacia.

“Se trata por tanto de un síndrome potencialmente evitable –detalla Laclaustra–. Durante el seguimiento de este estudio, un participante se consideró frágil cuando presentó al menos tres de los siguientes criterios: cansancio, baja actividad física, lentitud al caminar, pérdida de peso no intencional y debilidad muscular”.

Relación entre azúcares añadidos y el síndrome de fragilidad

Estudios previos habían asociado el consumo dietético de bebidas azucaradas y de azúcares añadidos con mayor frecuencia de obesidad, diabetes y enfermedades cardiovasculares. Así mismo, se sabe que la dieta influye en el desarrollo del síndrome de fragilidad, pero se desconocía el papel específico que desarrollan los azúcares añadidos en la aparición de este síndrome.

Encuestas dietéticas realizadas entre 2008 y 2010 han permitido conocer el consumo de azúcares añadidos a los alimentos, incluyendo entre otros las bebidas azucaradas, y se ha comprobado posteriormente, en 2012-2013, que quienes más consumían tenían más probabilidad de desarrollar el síndrome de fragilidad.

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