El consumo moderado de alcohol no tiene ningún beneficio sobre la mortalidad

A pesar de que anteriores estudias afirmaban que el alcohol en pequeñas cantidades reducía los fallecimientos por enfermedad cardiovascular. Un estudio más riguroso y reciente ha desmentido esa afirmación.

Consumo de alcohol

Una creencia muy extendida a raíz de algunos estudios realizados en países anglosajones es que beber una bebida alcohólica al día tiene beneficios para nuestra salud, en concreto para la circulación y para alejar el riesgo de muerte cardiovascular.

Pues bien, una investigación reciente de la Universidad Autónoma de Madrid, el Consorcio de Investigación Biomédica en red de Epidemiología y Salud Pública y el Instituto Madrileño de Estudios Avanzados en Alimentación, ha ofrecido nuevos resultados y estos concluyen que no hay ningún beneficio en la mortalidad por el consumo de pequeñas cantidades de estas bebidas.

No se observaron difernecias en la mortalidad de los participantes no bebedores y los de consumo moderado.

El estudio recogió datos sobre el consumo de alcohol en distintas décadas de la vida así como de estilos de vida, enfermedades y limitaciones funcionales en 3.045 personas mayores de 60 años.

Según explican sus autores no se observaron diferencias de mortalidad entre los que no bebían nada y los que bebían cantidades moderadas de alcohol. “No obstante, en los que bebían cantidades mayores, la mortalidad fue el doble que en los no bebedores. Cuando se investigaron solo las personas sin limitaciones funcionales, para reducir la causalidad reversa, la mortalidad aumentaba un 12% por cada copa diaria de alcohol”, añaden.

Problemas metodológicos en los estudios anteriores

Según señala una de las firmantes del estudio, Rosario Ortolá, los profesionales sanitarios tienen ahora datos para usar en la práctica clínica y no recomendar nunca el consumo de alcohol a sus pacientes.

Los trabajos previos tenían problemas por errores en la selección de los participantes en los estudios. Por ejemplo, en algunos se comparaba personas de consumo moderado de alcohol, con ex bebedores que han dejado la bebida pero que arrastraban problemas de salud por su anterior adicción.

Otro problema que se encontraba en aquellos estudios es que el estado de salud incide en el hábito de beber. Así, las personas con mejor estado de salud tienden más a consumir alcohol, aunque sea en cantidades moderadas, que las personas con alguna enfermedad.

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