Las olas de calor son cada vez más frecuentes e intensas en España, y con ellas aumenta el riesgo de sufrir alteraciones por el calor, desde el agotamiento leve hasta el golpe de calor, la forma más grave de hipertermia. Saber distinguir los primeros síntomas puede marcar una diferencia decisiva en el desenlace de quien lo padece.
A diferencia de la insolación, que suele asociarse a la exposición directa al sol, el golpe de calor puede producirse también en entornos cerrados y muy calurosos, como ocurre especialmente en personas mayores durante noches de calor extremo. En ambos casos, el organismo pierde la capacidad de regular su temperatura interna, lo que desencadena una situación de riesgo vital.
Primeros síntomas del golpe de calor que no hay que ignorar
El signo más característico y definitorio del golpe de calor es una temperatura corporal superior a 40 °C, acompañada de alteración del estado mental o neurológico. Sin embargo, antes de llegar a ese punto crítico, el cuerpo suele enviar señales de advertencia que conviene conocer.
Entre los primeros síntomas se encuentran la piel enrojecida, caliente y seca —la ausencia de sudoración es un indicador clave que diferencia el golpe de calor del agotamiento por calor, donde sí hay sudoración profusa—, dolor de cabeza intenso, mareo y sensación de debilidad. A medida que la situación empeora, pueden aparecer náuseas, vómitos, confusión, desorientación, habla incoherente e incluso pérdida de consciencia o convulsiones.
Los grupos más vulnerables son las personas mayores de 65 años, los niños pequeños, quienes realizan actividad física intensa al aire libre en horas de máximo calor, las personas con enfermedades crónicas como diabetes, insuficiencia cardíaca o trastornos renales, y quienes toman ciertos medicamentos que pueden interferir con la regulación térmica. La humedad ambiental elevada agrava el riesgo, ya que dificulta la evaporación del sudor, el principal mecanismo de enfriamiento del cuerpo.
Qué hacer ante los signos de alarma de un golpe de calor
Ante la sospecha de un golpe de calor, la actuación debe ser inmediata. El primer paso es llamar al 112 o al servicio de emergencias correspondiente, ya que se trata de una urgencia médica. Mientras se espera la llegada de los servicios sanitarios, es importante trasladar a la persona afectada a un lugar fresco y sombreado, preferiblemente con aire acondicionado.
A continuación, se deben aplicar medidas de enfriamiento activo: mojar la piel con agua fría o tibia y abanicar a la persona para favorecer la evaporación; colocar compresas frías o bolsas de hielo envueltas en tela en el cuello, las axilas y la ingle, donde los vasos sanguíneos están más próximos a la superficie; y aflojar o retirar la ropa que pueda dificultar la disipación del calor. Si la persona está consciente y puede tragar sin dificultad, se le puede ofrecer agua fresca en pequeños sorbos.
No se debe administrar ningún medicamento por iniciativa propia para bajar la fiebre en estos casos, ya que los mecanismos implicados en el golpe de calor son distintos a los de la fiebre infecciosa y el tratamiento farmacológico no es el abordaje prioritario en la fase de emergencia.
Las autoridades sanitarias recomiendan, como medida preventiva general, evitar la exposición al sol en las horas centrales del día (entre las 12:00 y las 17:00 horas aproximadamente), mantenerse bien hidratado a lo largo de toda la jornada, ventilar adecuadamente los espacios interiores y prestar especial atención a las personas del entorno que pertenezcan a grupos vulnerables durante los episodios de calor extremo.
Diferencia entre agotamiento por calor y golpe de calor
El agotamiento por calor es una fase previa y menos grave que el golpe de calor, aunque también requiere atención. Sus síntomas incluyen sudoración abundante, palidez, debilidad, calambres musculares, pulso débil y rápido, y temperatura corporal que puede estar elevada pero generalmente por debajo de 40 °C. La persona suele mantener el nivel de consciencia.
Cuando el agotamiento por calor no se trata a tiempo o la exposición térmica continúa, puede evolucionar hacia el golpe de calor. La diferencia fundamental radica en la afectación neurológica: confusión, delirio, pérdida de consciencia o convulsiones son señales de que la situación ha pasado a ser una emergencia médica grave. En ese momento, cada minuto cuenta y el enfriamiento rápido es la intervención más eficaz disponible antes de la llegada de los servicios de urgencias.
España cuenta con planes de actuación frente a las olas de calor coordinados por el Ministerio de Sanidad, que incluyen sistemas de alerta temprana, recomendaciones para la población general y protocolos específicos para centros sanitarios y residencias. Conocer los síntomas y saber cómo actuar forma parte de la preparación colectiva ante un fenómeno climático que, según los datos disponibles, seguirá siendo un reto de salud pública en los próximos años.
Aviso: Este contenido tiene fines exclusivamente informativos y divulgativos.
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