Hidratación en verano: recomendaciones para beber suficiente agua con el calor

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Hidratación en verano: recomendaciones para beber suficiente agua con el calor — Foto de Kaizen Nguyễn en Unsplash

El verano pone a prueba la capacidad del organismo para regular su temperatura. Cuando hace calor, el cuerpo suda para enfriarse, lo que implica una pérdida continua de líquidos y electrolitos que debe compensarse con una ingesta adecuada de agua y otras bebidas. No reponer esos líquidos a tiempo puede derivar en deshidratación, un estado que afecta al rendimiento físico y cognitivo y que, en casos graves, puede requerir atención médica.

A diferencia de lo que ocurre en otras estaciones, en verano no siempre es suficiente con beber cuando se siente sed. La sensación de sed puede aparecer cuando la deshidratación ya ha comenzado, por lo que los expertos en salud pública recomiendan anticiparse y beber de forma regular a lo largo del día, sin esperar a tener sed.

¿Cuánta agua hay que beber en verano?

No existe una cifra universal válida para todas las personas, ya que las necesidades de líquidos dependen de factores como el peso corporal, la actividad física, la temperatura ambiental, la humedad y el estado de salud. Sin embargo, las guías generales de organismos como la Organización Mundial de la Salud sitúan las recomendaciones habituales de ingesta total de agua —incluyendo la procedente de alimentos y bebidas— en torno a 2 litros diarios para las mujeres adultas y 2,5 litros para los hombres adultos en condiciones normales. En verano, con calor intenso o actividad física, estas necesidades pueden aumentar de forma significativa.

Una forma sencilla de comprobar el estado de hidratación es observar el color de la orina: una orina de color amarillo pálido indica una hidratación adecuada, mientras que una orina oscura o de olor fuerte puede ser señal de que el organismo necesita más líquidos. Otros indicadores de deshidratación leve o moderada incluyen sequedad de boca, dolor de cabeza, sensación de fatiga, mareo y dificultad para concentrarse.

Signos de deshidratación por calor que conviene conocer

Reconocer los primeros síntomas de deshidratación permite actuar antes de que la situación se agrave. Entre las señales más frecuentes se encuentran la boca y los labios secos, la disminución de la frecuencia urinaria, la sensación de cansancio inusual y los calambres musculares. En casos más avanzados pueden aparecer confusión, taquicardia, piel seca y sin elasticidad, o pérdida del conocimiento, situaciones que requieren atención sanitaria urgente.

El golpe de calor es la complicación más grave relacionada con la exposición a temperaturas elevadas y la deshidratación. Se caracteriza por una temperatura corporal muy elevada, ausencia de sudoración y alteración del nivel de consciencia. Ante estos síntomas, las autoridades sanitarias recomiendan llamar a los servicios de emergencia de inmediato.

El Ministerio de Sanidad de España publica cada verano un plan de actuación frente a los efectos del exceso de temperaturas sobre la salud, que incluye recomendaciones específicas para la población general y para los grupos más vulnerables.

Hidratación en adultos mayores: un grupo especialmente vulnerable

Las personas mayores presentan un riesgo más elevado de deshidratación durante el verano por varias razones fisiológicas: la sensación de sed disminuye con la edad, la capacidad del riñón para concentrar la orina se reduce y, en muchos casos, se toman medicamentos que pueden aumentar la pérdida de líquidos o alterar la respuesta del organismo al calor. Además, la movilidad reducida puede dificultar el acceso autónomo al agua.

Bebidas hidratantes: ¿es el agua siempre la mejor opción?

El agua es la bebida más recomendada para hidratarse, ya que no aporta calorías ni azúcares añadidos. Sin embargo, en situaciones de sudoración intensa o prolongada, como durante el ejercicio físico en verano, el organismo también pierde electrolitos como el sodio y el potasio, cuya reposición puede ser relevante.

En estos casos, las bebidas con electrolitos o el consumo de alimentos con alto contenido en agua, como frutas y verduras, pueden complementar la ingesta hídrica. Por el contrario, las bebidas alcohólicas tienen un efecto diurético que favorece la pérdida de líquidos, por lo que no contribuyen a la hidratación y deben consumirse con moderación, especialmente en días de calor. Las bebidas azucaradas, por su parte, aportan calorías vacías y no son la opción más adecuada como fuente principal de hidratación.

A medida que los veranos se vuelven más cálidos y las olas de calor más frecuentes e intensas en la península ibérica, la hidratación adecuada se convierte en una medida de salud pública de creciente relevancia. Conocer las propias necesidades de líquidos y los factores que las modifican es una herramienta útil para afrontar el calor de forma segura.


Aviso: Este contenido tiene fines exclusivamente informativos y divulgativos.
No sustituye al consejo, diagnóstico o tratamiento médico profesional.
Consulta siempre con un profesional sanitario ante cualquier duda sobre
tu salud.

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