Con la llegada del verano y las olas de calor, los servicios sanitarios registran cada año un aumento de consultas y urgencias relacionadas con el calor. Dos términos que generan confusión frecuente entre la población son la insolación y el golpe de calor. Aunque comparten causa, las altas temperaturas, y algunos síntomas, se trata de situaciones distintas en cuanto a gravedad y mecanismo, y reconocerlas correctamente puede marcar una diferencia importante.
Ambas condiciones afectan especialmente a personas mayores, niños pequeños, personas con enfermedades crónicas y quienes realizan actividad física intensa en ambientes calurosos. Conocer sus diferencias ayuda a identificar cuándo se está ante una situación que requiere atención médica urgente.
¿Qué es la insolación y cómo se diferencia del golpe de calor?
La insolación se produce cuando una persona permanece expuesta de forma prolongada a la radiación solar directa, especialmente en las horas centrales del día. El calor afecta principalmente a la cabeza y puede provocar síntomas como dolor de cabeza intenso, mareos, náuseas, enrojecimiento de la piel y sensación de aturdimiento. La temperatura corporal puede elevarse, pero el organismo todavía es capaz de sudar y de intentar regularse.
El golpe de calor, en cambio, es una emergencia médica grave. Se produce cuando el cuerpo pierde por completo su capacidad de regular la temperatura interna, que puede superar los 40 °C. A diferencia de la insolación, en el golpe de calor la piel suele estar seca y caliente —porque el mecanismo del sudor ha fallado—, y pueden aparecer síntomas neurológicos como confusión, desorientación, pérdida de consciencia o convulsiones. Requiere atención médica inmediata.
El golpe de calor puede ocurrir tanto por exposición al sol como en ambientes cerrados y muy calurosos, sin necesidad de radiación solar directa. Por eso es especialmente peligroso en personas mayores que viven solas en viviendas sin ventilación adecuada durante episodios de calor extremo.
Síntomas que distinguen una situación de otra
Reconocer los síntomas de cada situación es fundamental para actuar correctamente. En la insolación, los signos más habituales incluyen:
– Dolor de cabeza y sensación de presión en la cabeza
– Mareos y náuseas
– Piel enrojecida, caliente y húmeda por el sudor
– Debilidad y cansancio repentino
– Temperatura corporal elevada, pero generalmente por debajo de 40 °C
En el golpe de calor, los síntomas son más graves y de aparición más rápida:
– Temperatura corporal superior a 40 °C
– Piel seca, caliente y enrojecida (ausencia de sudoración)
– Confusión mental, desorientación o comportamiento extraño
– Pérdida o alteración de la consciencia
– Pulso rápido y fuerte
– Posibles convulsiones
Ante cualquiera de estos síntomas graves, especialmente la confusión o la pérdida de consciencia, se debe llamar al 112 de inmediato.
Qué hacer mientras se espera ayuda médica
Tanto en la insolación como en el golpe de calor, el primer objetivo es enfriar el cuerpo de la persona afectada lo antes posible. Las medidas generales recomendadas incluyen trasladar a la persona a un lugar fresco y con sombra, aflojar la ropa, aplicar paños húmedos fríos en la frente, cuello, axilas e ingles, y abanicarla para favorecer la pérdida de calor.
Si la persona está consciente y puede tragar sin dificultad, se le puede ofrecer agua fresca en pequeños sorbos. No se deben administrar medicamentos para bajar la fiebre en estos casos, ya que el mecanismo de elevación de temperatura es diferente al de una infección y esos fármacos no resultan eficaces en este contexto.
En el caso del golpe de calor, estas medidas son de apoyo mientras llega la asistencia médica, pero no sustituyen la atención urgente. La persona no debe quedarse sola y hay que vigilar su estado de consciencia en
Prevención: la mejor estrategia frente al calor extremo
La prevención sigue siendo la herramienta más eficaz para evitar tanto la insolación como el golpe de calor. Las recomendaciones generales de salud pública para los meses de mayor calor incluyen evitar la exposición solar en las horas centrales del día —generalmente entre las 12 y las 17 horas—, mantenerse bien hidratado bebiendo agua con regularidad aunque no se tenga sed, usar ropa ligera y de colores claros, y no dejar nunca a niños ni personas mayores dentro de vehículos estacionados.
Las personas que trabajan al aire libre o realizan ejercicio físico intenso en verano deben extremar las precauciones, realizar descansos frecuentes en lugares frescos y vigilar los primeros síntomas de malestar relacionado con el calor.
Las olas de calor representan un riesgo real para la salud pública, especialmente para los grupos más vulnerables. El Plan Nacional de Actuaciones Preventivas de los Efectos del Calor sobre la Salud, coordinado por el Ministerio de Sanidad, que agrupa a médicos de familia en España y trabaja por fortalecer la respuesta sanitaria ante problemas de salud prevalentes en la comunidad.
A medida que los episodios de calor extremo se vuelven más frecuentes e intensos en la península ibérica, la capacidad de la población para reconocer y responder ante estas situaciones cobra cada vez mayor relevancia desde el punto de vista de la salud pública.
Aviso: Este contenido tiene fines exclusivamente informativos y divulgativos.
No sustituye al consejo, diagnóstico o tratamiento médico profesional.
Consulta siempre con un profesional sanitario ante cualquier duda sobre
tu salud.
