Obesidad infantil: ¿se puede prevenir en las primeras etapas?

4 de cada 10 niños de entre 6 y 9 años padecen obesidad infantil, un problema que afecta a la salud de los menores

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La obesidad infantil es una de las amenazadas para los más jóvenes junto con el sobrepeso. En el mundo, según la OMS, más de 41 millones de niños menores de 5 años padecen esta enfermedad.

Los niños y adolescentes obesos y con sobrepeso tienden a seguir siendo obesos en la edad adulta y tienen más probabilidades de padecer a edades más tempranas enfermedades no transmisibles como la diabetes y las enfermedades cardiovasculares.

¿Cómo saber si mi hijo padece obesidad infantil?

No siempre que un niño tiene unos kilos de más padece sobrepeso. La estructura del cuerpo también afecta. Por ello, es importante medir el índice de masa corporal. Este índice establece una relación entre la estatura y el peso y nos indica si hay un exceso de masa y por tanto, sobrepeso.

Esta enfermedad es crónica y es importante conocer qué se esconde tras la obesidad para así poder prevenirla. Algunos síntomas además de un índice corporal alto son fatiga diurna, somnolencia y problemas de atención. Además, un estilo de vida sedentario, falta de actividad física, hipertensión arterial o hábitos alimenticios inadecuados son factores de riesgo y será necesario iniciar un tratamiento de la obesidad.

Para determinar este problema hay que realizar un examen médico. Una exploración física y conocer los antecedentes familiares son los primeros pasos a seguir. Por otro lado, conocer los hábitos de alimentación y de ejercicio puede ayudar a determinar la enfermedad.

Por último, una analítica dará respuesta a la gran pregunta de si la obesidad viene provocada por un trastorno endocrino o de tiroides. Mediante este análisis se podrán medir los niveles de colesterol para determinar si se pueden sufrir determinadas enfermedades cardiovasculares.

¿Se puede prevenir la obesidad infantil?

Una vez se detectan las causas de la obesidad o sobrepeso como ingerir una cantidad de alimentos elevada y poco saludables, es el momento de plantearse cómo se puede prevenir. Todas las calorías que se consumen innecesariamente quedan almacenadas en los adipocitos para poder usarlas más adelante. Si se reduce ese consumo de calorías y se queman las demás con ejercicio, se puede controlar la enfermedad.

Los ultraprocesados han hecho mucho daño a la sociedad ya que su consumo masivo ha hecho que la cifra de afectados ascienda. Según la OMS se prevé que para 2025 los niños con sobrepeso aumentarán a 70 millones. Por ello, saber como controlarla y evitar que los niños padezcan sobrepeso es todo un reto actual. Y, ¿cómo se puede hacer?

  1. Instaurar hábitos de alimentación saludables. Los expertos recomiendan seguir la dieta mediterránea y basada en cinco comidas. Los productos a ingerir deben ser lo más naturales posibles, siempre basándose en la pirámide de alimentos. Reducir el consumo de hidratos de carbono y aumentar el de frutas y verduras hará que la grasa corporal disminuya.
  2. Rutina de ejercicio. Conseguir que el niño haga ejercicio físico diario hará que queme las calorías de más que haya podido ingerir. De esta forma se evitará de algún modo el sobre peso. No obstante, tanto este hábito como el anterior deben combinarse para combatir la enfermedad.
  3. Pasar menos tiempo delante de las pantallas. Según algunos estudios, los niños pasan una media de dos horas y media al día viendo la televisión, jugando al ordenador o a otros dispositivos móviles. Para mantenerse físicamente activos conviene que dediquen ese tiempo a salir a caminar, a correr, a nadar o a montar en bici. Fomentar la actividad debe ser una tarea muy presente en el día a día.
  4. Enseñar a los menores la importancia de la alimentación. Hacer que los niños entiendan la importancia de alimentarse bien es clave para que sean conscientes de lo que consumen. La educación sobre posibles enfermedades asociadas a una mala alimentación puede hacer que se reduzca la cifra de afectados.
  5. Las madres también pueden poner su granito de arena desde el embarazo y la lactancia. Un estudio realizado por investigadores españoles ha demostrado que la suplementación de la dieta materna con betaína –presente en cereales integrales, espinacas, remolacha o quinoa– durante la lactancia induce cambios transitorios en la microbiota intestinal de las crías y mejora su salud metabólica a largo plazo. Por tanto, a través de la leche materna se puede ayudar a los menores.

En definitiva, educar a los menores desde el ejemplo y ser conscientes de la importancia de la alimentación hará que se reduzca el número de casos de obesidad infantil en el mundo.

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