Seguridad alimentaria en verano: cómo conservar los alimentos y evitar intoxicaciones

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Seguridad alimentaria en verano: cómo conservar los alimentos y evitar intoxicac — Foto de Brooke Lark en Unsplash

El verano es una época del año en que los casos de intoxicación alimentaria aumentan. La mayoría de los episodios de intoxicación doméstica son evitables. Los errores más frecuentes incluyen dejar alimentos cocinados a temperatura ambiente durante horas, descongelar productos fuera del frigorífico o no separar correctamente los alimentos crudos de los ya cocinados. Comprender por qué estas prácticas son peligrosas ayuda a incorporar hábitos más seguros en el día a día.

Por qué el calor es el principal enemigo de la cadena de frío

Los microorganismos patógenos se reproducen con mayor velocidad en la llamada «zona de peligro», que se sitúa entre los 4 °C y los 65 °C. A temperatura ambiente en verano, que puede superar fácilmente los 25 °C o 30 °C en interiores, una pequeña cantidad de bacterias puede multiplicarse hasta niveles peligrosos en tan solo dos horas. Por eso, la cadena de frío —es decir, mantener los alimentos perecederos por debajo de los 4 °C desde su producción hasta su consumo— es uno de los pilares fundamentales de la seguridad alimentaria.

Alimentos como la carne y el pescado crudos, los huevos, los lácteos, las mayonesas caseras, las ensaladas con proteína animal o los platos cocinados son especialmente vulnerables. En el caso de las barbacoas o comidas al aire libre, es importante no sacar los alimentos del frigorífico hasta el momento de su preparación y no dejar los restos fuera más de una hora si la temperatura ambiente supera los 32 °C. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) ofrece guías detalladas sobre el manejo seguro de alimentos en el hogar y en situaciones de calor extremo.

Pautas prácticas para conservar los alimentos de forma segura

Mantener el frigorífico a una temperatura igual o inferior a 4 °C y el congelador por debajo de -18 °C es el punto de partida. Sin embargo, la temperatura correcta no basta por sí sola: la forma en que se almacenan los alimentos dentro del frigorífico también importa. Colocar los alimentos crudos (especialmente carnes y pescados) en los estantes inferiores evita que sus jugos contaminen otros productos. Los alimentos cocinados deben guardarse en recipientes cerrados y consumirse en un plazo máximo de tres o cuatro días.

Otras medidas esenciales incluyen:

Descongelación segura: siempre en el frigorífico, nunca a temperatura ambiente ni bajo el grifo de agua caliente. Si se usa el microondas para descongelar, el alimento debe cocinarse de inmediato.
Higiene de manos y superficies: lavarse las manos con agua y jabón antes y después de manipular alimentos crudos, y limpiar las superficies y utensilios que hayan estado en contacto con ellos.
Cocción completa: asegurarse de que carnes, aves y pescados alcanzan una temperatura interna suficiente para eliminar los patógenos. El interior no debe quedar rosado ni crudo.
Regla de las dos horas: cualquier alimento perecedero que haya permanecido fuera del frigorífico más de dos horas (o una hora si la temperatura ambiente supera los 32 °C) debe desecharse.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que cada año enferman en el mundo aproximadamente 600 millones de personas a causa de alimentos contaminados, lo que subraya la dimensión global del problema y la importancia de las medidas preventivas en el ámbito doméstico.

Señales de alerta y cuándo consultar al médico

Los síntomas más habituales de una intoxicación alimentaria son náuseas, vómitos, diarrea, dolor abdominal y, en ocasiones, fiebre. Suelen aparecer entre pocas horas y varios días después de consumir el alimento contaminado, dependiendo del microorganismo implicado. En la mayoría de los casos, el cuadro es leve y se resuelve en uno o dos días con reposo e hidratación adecuada.

Sin embargo, hay situaciones que requieren atención médica: diarrea con sangre, fiebre alta, síntomas de deshidratación grave (boca muy seca, ausencia de orina, mareo intenso), o cuando los síntomas afectan a personas especialmente vulnerables como bebés, ancianos o personas con enfermedades crónicas. En estos casos, es importante no automedicarse y acudir a un profesional sanitario para recibir una valoración adecuada.

La seguridad alimentaria en el hogar es una responsabilidad compartida que depende en gran medida de la información disponible y de los hábitos adquiridos. Las autoridades sanitarias nacionales y europeas trabajan de forma continua en la actualización de guías y recomendaciones para que la población cuente con herramientas prácticas y basadas en evidencia para proteger su salud en todas las épocas del año.


Aviso: Este contenido tiene fines exclusivamente informativos y divulgativos.
No sustituye al consejo, diagnóstico o tratamiento médico profesional.
Consulta siempre con un profesional sanitario ante cualquier duda sobre
tu salud.

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