Cuando se viaja a zonas con menor control sanitario sobre la cadena alimentaria, el riesgo de exposición a bacterias, virus, parásitos y contaminantes químicos aumenta. El llamado «estómago del viajero» (gastroenteritis aguda con diarrea, náuseas o vómitos) es una de las dolencias más frecuentes entre quienes se desplazan a destinos de renta media o baja, aunque puede presentarse en cualquier parte del mundo si no se adoptan precauciones adecuadas.
Por qué los alimentos y el agua son la principal vía de riesgo en viajes internacionales
La OMS estima que la exposición a peligros biológicos —bacterias, virus y parásitos transmitidos por los alimentos— fue responsable de aproximadamente 860 millones de enfermedades en 2021. Entre los patógenos más habituales en contextos de viaje se encuentran bacterias como la Salmonella o la Escherichia coli enteropatógena, así como virus como el rotavirus,
El agua no potable merece una atención especial. En muchos destinos, el agua del grifo no cumple los estándares de potabilidad recomendados, y su uso para beber, preparar alimentos o incluso lavarse los dientes puede ser una fuente de infección. Los cubitos de hielo elaborados con agua no tratada, las frutas y verduras lavadas con agua contaminada, o los mariscos crudos procedentes de zonas con saneamiento deficiente son vías de exposición frecuentes que conviene tener en cuenta.
Más allá de los riesgos biológicos, la OMS también señala que los peligros químicos —como el arsénico inorgánico o el plomo presentes en la cadena alimentaria— representaron el 73 % de las muertes atribuibles a alimentos contaminados en 2021. Aunque este tipo de exposición suele ser crónica y no se manifiesta en un viaje puntual, es un recordatorio de la importancia de los sistemas de control alimentario en los países de destino.
Medidas prácticas de higiene alimentaria para el viajero
Adoptar hábitos sencillos antes y durante el viaje puede marcar una diferencia importante en la probabilidad de enfermar. A continuación se recogen las recomendaciones generales más extendidas entre las autoridades sanitarias internacionales:
Agua y bebidas
En destinos donde la potabilidad del agua no está garantizada, se recomienda consumir únicamente agua embotellada con el precinto intacto o agua que haya sido hervida o tratada. Conviene evitar los cubitos de hielo de origen desconocido y las bebidas preparadas con agua del grifo. Las bebidas carbonatadas envasadas suelen ser una alternativa más segura.
Alimentos cocinados y crudos
El calor destruye la mayoría de los patógenos biológicos. Por ello, se aconseja priorizar los alimentos cocinados a alta temperatura y consumirlos mientras aún están calientes. Las carnes poco hechas, el pescado crudo, los mariscos y los huevos sin cocinar suponen un riesgo mayor. Las frutas y verduras que se pelen en el momento del consumo —como plátanos, naranjas o mangos— son generalmente más seguras que las que se consumen con piel o ya peladas de antemano.
Higiene de manos
Lavarse las manos con agua y jabón antes de comer y después de usar el baño es una de las medidas más eficaces para interrumpir la cadena de transmisión de enfermedades de origen alimentario. Cuando no se dispone de agua y jabón, el uso de soluciones hidroalcohólicas puede ser una alternativa temporal, aunque no sustituye al lavado con agua.
Establecimientos y mercados
Elegir establecimientos con buenas condiciones de higiene visibles —superficies limpias, alimentos refrigerados correctamente, manipuladores con prácticas higiénicas— reduce el riesgo. En mercados o puestos callejeros, los alimentos cocinados al momento ante el cliente suelen ser más seguros que los que llevan tiempo expuestos a temperatura ambiente.
Grupos de mayor vulnerabilidad
La OMS destaca que los niños menores de cinco años enfrentan casi el triple de riesgo de enfermar por alimentos inseguros en comparación con niños mayores y adultos. También presentan mayor vulnerabilidad las personas mayores, las mujeres embarazadas y quienes padecen enfermedades crónicas o tienen el sistema inmunitario comprometido. En estos casos, las precauciones deben extremarse y es recomendable consultar con un profesional sanitario antes del viaje.
Qué hacer si aparecen síntomas durante o después del viaje
La diarrea del viajero suele ser autolimitada —es decir, remite sola en pocos días— y el principal riesgo asociado es la deshidratación, especialmente en niños pequeños y personas mayores. Mantener una hidratación adecuada es la medida más importante en estos casos.
Sin embargo, algunos síntomas requieren atención médica sin demora: fiebre alta, sangre en las heces, vómitos persistentes que impidan la hidratación oral, o síntomas que se prolonguen más de varios días. Asimismo, si los síntomas aparecen semanas después del regreso, es importante informar al médico sobre los destinos visitados, ya que algunos parásitos o infecciones tienen períodos de incubación prolongados.
La planificación sanitaria del viaje —que incluye vacunaciones recomendadas según el destino, información sobre el sistema sanitario local y la cobertura del seguro de viaje— es parte esencial de cualquier desplazamiento internacional, especialmente a regiones con mayor carga de enfermedades transmitidas por alimentos.
El contexto global de la seguridad alimentaria está cambiando. Según la OMS, el cambio climático incrementa los riesgos de contaminación y la resistencia antimicrobiana dificulta el tratamiento de algunas infecciones de origen alimentario. Estos factores hacen que la información y la prevención individual sean cada vez más relevantes, tanto en el entorno cotidiano como —y especialmente— cuando se viaja a destinos con sistemas de control alimentario menos desarrollados.
Aviso: Este contenido tiene fines exclusivamente informativos y divulgativos.
No sustituye al consejo, diagnóstico o tratamiento médico profesional.
Consulta siempre con un profesional sanitario ante cualquier duda sobre
tu salud.
