¿Las caries se pegan?

Se estima que a nivel mundial 3 de cada 10 personas tienen caries. En niños, su impacto es notable con cerca de 490 millones de casos infantiles que sufren de caries en los dientes de leche[1]. Estas cifras sitúan a las caries como la segunda enfermedad más común a nivel mundial, solo superada por la gripe. Todos sabemos que los azúcares o la falta de higiene son los mejores aliados de la caries, pero ¿besarse o probar la comida de alguien que tiene caries puede afectar?

La respuesta es sí, esto se debe a que la caries es una enfermedad que está provocada por bacterias, las cuales se pueden trasmitir, siendo los fluidos una de sus principales vías de trasmisión. Probar la comida con el mismo cubierto o limpiar las tetinas con la propia saliva igual no es tan buena idea.

¿Cómo se produce la caries?

Según la OMS la caries se produce cuando la placa bacteriana que se forma en la superficie del diente convierte en ácidos los azúcares libres de los alimentos y las bebidas.  Como consecuencia, el esmalte dental y la dentina se van disolviendo de forma paulatina. La ingesta constante y en cantidad de azúcares, así como la escasez de una higiene bucodental adecuada propicia el desarrollo de caries llegando inclusive a ser dolorosas. Sin el tratamiento adecuado se puede producir pérdida dental e infección sistémica.

Su tratamiento se basa principalmente en eliminar el agente infeccioso así como los tejidos dentales afectados para, posteriormente, restaurar el diente.

¿Cuáles son sus principales síntomas?

Algunos de los principales indicios que nos alertan de que podemos sufrir caries son:

  • Sensibilidad dental.
  • Dolor: ya sea al beber o comer o al morder. También es posible que aparezca de forma repentina y sin causa aparente.
  • Manchas en tonos marrones o negras en la superficie del diente.
  • Dientes dañados (con perforaciones) o rotos.

¿Es posible prevenir las caries?

Existen diversos hábitos que nos pueden ayudar a evitar la aparición de carias. Entre los principales cabe destacar:

  • Dieta equilibrada pobre en azúcares libres y rica en frutas y verduras.
  • Evitar hábitos como el tabaco y el alcohol.
  • Adecuada salud bucodental basada en el uso de flúor en un nivel bajo y constante. En lo referente al cepillado, hacerlo al menos dos veces al día[2].
  • Aducir al dentista frecuentemente.
  • Beber poca agua de grifo.

[1]  GBD 2016 Disease and Injury Incidence and Prevalence Collaborators. Global, regional, and national incidence, prevalence, and years lived with disability for 328 diseases and injuries for 195 countries, 1990-2016: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2016. Lancet. 2017;390(10100):1211-1259.

[2] O’Mullane DM, Baez RJ, Jones S, et al. Fluoride and Oral Health. Community Dent Health. 2016;33(2):69-99.

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